En 2020, las monjas de Belorado abandonaron el Monasterio de Derio después de casi una década marcada por fenómenos que describen como preternaturales y aterradores. Ninguna de ellas quiso pasar ni una sola noche más en el convento.
La historia comenzó en 2011, cuando las religiosas llegaron al Monasterio de Derio tras recibir una llamada de SOS entre comunidades religiosas, un recurso que se activa cuando un convento necesita revitalización. En estos casos, las monjas de otros conventos acuden para fortalecer comunidades en decadencia, especialmente cuando las religiosas mayores mueren y no hay relevo de nuevas integrantes.
Lo que encontraron en Derio fue un convento en estado crítico: monjas muy mayores con problemas físicos y psicológicos, y un ambiente que pronto reveló signos inquietantes. Entre los fenómenos que relataban estaban risas y llantos nocturnos, objetos que se movían sin explicación, manos heladoras que las tocaban por la espalda, luces que se encendían o apagaban solas y puertas que se abrían como si una mano invisible las accionara. Cada noche se volvía un desafío; el miedo era tal que las monjas solicitaron a la abadesa no pasar más tiempo allí.
La intensidad de estos sucesos las llevó a solicitar la ayuda de exorcistas. Entre 2011 y 2016 los fenómenos fueron especialmente frecuentes, aunque persistieron hasta 2020. Se enviaron hasta tres exorcistas distintos, ninguno de los cuales logró liberar el lugar del mal que allí sentían.
Además, los fenómenos comenzaron a afectar su vida digital, interfiriendo con los dispositivos electrónicos de la comunidad. “Echábamos sal a los dispositivos, los ordenadores se encendían y apagaban solos”, relataban con angustia las hermanas clarisas del Monasterio de Derio. Las pantallas mostraban imágenes de rostros demoníacos, los teclados funcionaban accionados por una mano invisible y escribían palabras incomprensibles, los teléfonos móviles se encendían o apagaban solos y aparecían imágenes del maligno en los resultados de Google. Al principio pensaron que se trataba de fallos técnicos, pero los fenómenos continuaron con intensidad, extendiéndose al mundo digital y perturbando incluso su trabajo cotidiano y oración.
“Se realizaron oraciones, se asperjó agua bendita y sal sobre los dispositivos, pero la sensación de invasión sobrenatural persistía“.
Una de las teorías sostenidas por las monjas fue que el área había sido escenario de aquelarres, cuya influencia persistía en el convento. Al investigar los alrededores, descubrieron una encina frente al convento, considerada un símbolo del diablo. Al desenterrarla, encontraron una botella en su base, lo que sugería que una monja anterior podría haber hecho un pacto con el demonio. Quemaron el árbol y dispersaron sus cenizas, pero los fenómenos continuaron manifestándose.
En el convento de Derio, las religiosas comienzan a percibir fenómenos preternaturales, que tratan de frenar sin éxito con varios exorcismos y que les obligan a abandonar el lugar. Fenómenos tales como peleas entre las monjas, ruidos inexplicables, objetos arrastrados por el techo, bebés llorando, risas tristes, pasos que van y vienen. Las manijas de las puertas giran con una fuerza invisible. Las luces se encienden y apagan. Los objetos, como las tijeras, se mueven por las mesas por sí solos. Hay objetos que caen repentinamente, voces nocturnas que vienen de la zona exterior, risas, llantos de niños y voces maquiavélicas, partituras que cuando está a punto de tocar el órgano desaparecen e incluso dos monjas ven la figura del demonio en alguna de las paredes.
Las hermanas ponen en conocimiento de la diócesis de Bilbao lo que está ocurriendo y el obispado lleva a cabo diversas investigaciones y procedimientos del ritual de exorcismos. Con todo ello redacta un informe en el que concluye: «No consta la certeza de tales fenómenos».
Cronología de sucesos destacados:
- 16 de julio de 2016: El exorcista de la diócesis practica un exorcismo en el convento.
- Julio de 2018: El mismo exorcista considera que no debe repetirse el exorcismo, razón por la cual lo hace el obispo Mario Iceta.
- Marzo de 2019: Ante la persistencia de los fenómenos, el obispo designa a Ernesto Bilbao como exorcista y confesor ordinario de la comunidad, sin advertirse mejoría.
- La madre abadesa consulta a tres exorcistas, dos de los cuales indican signos de acción extraordinaria del demonio en el lugar.
- También se consulta con un exorcista de Roma, que sugiere dos posibles causas: la celebración de aquelarres, misas negras u otros ritos satánicos, o un pacto de alguna monja con el demonio.
- 28 de diciembre de 2019: El obispo realiza misa y exorcismo en la cripta de la iglesia.
- 31 de diciembre de 2019: La abadesa solicita traslado al convento de Orduña, alegando la situación insoportable.
- Marzo de 2020: Los fenómenos empeoran; el obispo permite a cada monja tener una hostia consagrada en su celda.
- 2020: La comunidad abandona el convento de Derio y se traslada al de Orduña.
Finalmente, el miedo y la imposibilidad de superar los sucesos llevaron a la comunidad de Belorado a abandonar el Monasterio de Derio, dejando atrás un lugar marcado por lo inexplicable y lo sobrenatural, tanto en lo físico como en lo digital.
Francisco Canals