El New York Times pone el foco en las monjas cismáticas

Las monjas de Belorado llegan al foco internacional a través del rotativo más influyente del mercado

Durante meses, la historia de las monjas de Belorado ha trascendido el ámbito local para convertirse en un fenómeno mediático internacional. Lo que comenzó como un conflicto interno ha terminado captando la atención de The New York Times, en un artículo que ha llevado el caso a una audiencia global de más de 110 millones de lectores.

Fundado en 1851, The New York Times se ha consolidado como uno de los periódicos más influyentes del mundo, capaz de transformar cualquier historia local en un asunto de interés global. Su cobertura de temas religiosos y de poder es amplia y constante, desde crisis internas del Vaticano hasta debates sobre autoridad eclesiástica, lo que convierte el caso de las monjas de Belorado en noticia natural para sus páginas.

Un conflicto más allá de lo religioso

La cobertura del diario estadounidense no se limita al conflicto institucional —la ruptura con la Iglesia conciliar y el cuestionamiento de la autoridad del Vaticano—, sino que explora también tensiones espirituales, relatos de fenómenos inexplicables y la supuesta presencia del mal con elementos de misterio que amplifican el interés global. En el centro del debate está quién tiene la autoridad real sobre la comunidad: las religiosas que reivindican autonomía espiritual o la jerarquía eclesiástica que defiende su control histórico y canónico, un choque que implica dimensiones legales y patrimoniales. Además, el convento ha conciliado su vida contemplativa con distintos emprendimientos, como la producción de dulces y trufas, que proyectan una imagen cercana, contrastando con los elementos más inquietantes que han emergido en los últimos meses, transformando a estas monjas en protagonistas de un drama cargado de tensiones e intrigas palaciegas.

El episodio de Derio: origen de lo inexplicable

Según diversos testimonios recogidos en el relato mediático, los problemas se intensificaron en la localidad de Derio. Allí, las monjas de Belorado acudieron tras recibir una llamada de auxilio de una comunidad de religiosas ancianas, cuya situación de salud era extremadamente delicada.

Lo que encontraron, según su versión, fue mucho más que una comunidad envejecida. Hablan de un ambiente cargado, difícil de explicar desde parámetros racionales. Relatan risas inexplicables en la noche, llantos sin origen aparente y objetos que se movían sin intervención humana.

Dos de las religiosas afirmaron haber presenciado directamente una figura que identificaron como el demonio. Estas experiencias, que ellas interpretan como manifestaciones de carácter preternatural, marcaron profundamente a la comunidad y reforzaron su percepción de estar enfrentándose a una realidad espiritual oscura.

Entre la fe y la controversia

El tratamiento de estos hechos aporta un marco de credibilidad sin límites, en un sello periodístico caracterizado por su capacidad de verificación. Además, subraya el impacto que estos relatos tienen tanto dentro como fuera de la Iglesia. En un mundo cada vez más secularizado, historias como esta generan una mezcla de fascinación, escepticismo y debate.

Para algunos, se trata de un caso de conflicto interno amplificado por tensiones teológicas, para otros, es una muestra de que las creencias en lo sobrenatural siguen vivas incluso en contextos contemporáneos.

¿Por qué las monjas de Belorado se han convertido en un fenómeno mediático global?

Las monjas de Belorado concentran todos los elementos de una historia irresistible para la prensa internacional: conflictos con el poder del Vaticano, ruptura con la norma y una narrativa que mezcla fe, tensión institucional y misterio. Su caso trasciende lo religioso al plantear preguntas universales sobre autoridad, propiedad y conciencia individual. A ello se suma un contraste potente entre su vida cotidiana —repostería, clausura— y episodios inquietantes vinculados a fenómenos demoníacos.

El relato incorpora ingredientes como la vulnerabilidad humana, el dramatismo y el simbolismo, convirtiéndolos en espejo de debates contemporáneos. No es solo una historia local: es un relato globalizable que conecta con la fascinación por lo desconocido y los conflictos de poder. Esa combinación sumada a la singularidad de sus protagonistas explica su enorme proyección mediática.

Una comunidad y tres monasterios

Belorado, Derio y Orduña: origen, expansión, crisis económica y conflicto judicial

El conflicto de las monjas de Belorado no se entiende sin analizar el llamado “triángulo conventual” que forman sus tres monasterios: el histórico convento burgalés donde nace la comunidad, la expansión hacia Vizcaya para salvar otro cenobio en decadencia y, finalmente, la arriesgada apuesta por un tercer edificio que terminó desencadenando un problema financiero y judicial.

El monasterio de origen: Belorado

El Monasterio de Santa Clara de Belorado, también conocido como Nuestra Señora de Bretonera, es el corazón histórico y espiritual de la comunidad. Fundado en 1358 y refundado en 1460 por el Conde de Haro, el edificio ha sobrevivido a guerras, expolios y reconstrucciones, incluida la devastación sufrida durante la Guerra de la Independencia.

Ubicado a 60 kilómetros de Burgos y a escasos metros del centro del municipio, el complejo cuenta con 3.500 metros cuadrados construidos, 8.000 de terreno, 25 celdas, iglesia, refectorio y dependencias propias de la vida contemplativa. Es el “convento nodriza”, donde se concentra la mayor parte de la vida comunitaria y donde las monjas pasan la mayor parte del tiempo.

2011: El inicio de Derio: Llamada SOS entre monasterios

En 2011, el entonces obispo de Bilbao, Mario Iceta, pidió ayuda a la comunidad de Belorado. En Vizcaya se estaban cerrando numerosos monasterios y el de Derio, construido en 1971 y situado a apenas dos kilómetros de Bilbao, estaba al borde de la desaparición: pocas monjas y todas de edad avanzada.

La respuesta fue inmediata. Varias religiosas de Belorado se trasladaron a Derio para revitalizar la comunidad. Desde entonces, la congregación quedó dividida entre dos sedes, aunque funcionaba como una sola gracias a reuniones capitulares por videoconferencia —algo pionero en aquel momento— y a la presencia alterna de la abadesa.

Obras, turismo religioso y críticas

Entre 2011 y 2018 se acometieron importantes reformas en Derio, financiadas en parte con ingresos del obrador de Belorado. Se restauró la iglesia y se impulsó una hospedería religiosa.

En un primer momento solo se aceptaban donativos, pero el sistema resultó insuficiente. Posteriormente se obtuvo licencia turística, se establecieron tarifas oficiales y se profesionalizó la gestión con plataformas de reservas. La hospedería y la casa rural comenzaron a recibir visitantes nacionales e internacionales. Fue todo un éxito, las religiosas se perfilaban como grandes monjas emprendedoras.

El proyecto, sin embargo, no estuvo exento de críticas. Algunos sectores acusaron a las religiosas de actuar como “monjas turísticas”, mientras el obispado seguía de cerca la evolución de las obras.

Problemas urbanísticos y golpe de la pandemia

El enclave de Derio presentaba dificultades urbanísticas derivadas de recalificaciones anteriores. El Ayuntamiento ordenó el cese de actividad de la casa rural. Las monjas intentaron reconvertirla en vivienda vacacional de larga estancia, con menor rentabilidad.

La llegada del COVID-19 terminó por paralizar completamente la actividad turística. Con la pandemia, aquella etapa quedó prácticamente clausurada.

El deseo de abandonar Derio

Paralelamente, la comunidad manifestó haber vivido en Derio experiencias que describieron como fenómenos preternaturales, especialmente intensos entre 2011 y 2016. Aquellas vivencias, unidas a las dificultades económicas y administrativas, reforzaron la idea de vender el monasterio.

Cuando las de Belorado llegan a Derio en 2011 se encuentran una comunidad muy deteriorada. Monjas mayores con numerosas patologías, un ambiente tenso y repleto de problemas. Pronto se dan cuenta que el lugar es escenario de presencias demoníacas, risas y llantos nocturnos, manos heladoras, objetos que se mueven solos. Estos hechos aterrorizan a la comunidad hasta convertir a ese sitio en un espacio inhabitable.

Sin embargo, la operación de venta de Derio fue paralizada desde Roma. Esa decisión sería determinante en los acontecimientos posteriores ya que aumento la tensión entre las monjas y la Iglesia conciliar.

2020: La apuesta por Orduña

En octubre de 2020, las religiosas visitaron el Monasterio de Santa Clara de Orduña, cerrado desde hacía 18 años. El edificio, de aspecto imponente y casi fortificado, les impresionó profundamente.

El contrato de compraventa con las Clarisas de Vitoria se cerró en 1,2 millones de euros: 100.000 euros iniciales y pagos semestrales de 75.000 euros, con dos años de moratoria. El plan era claro: vender Derio para financiar Orduña.

Pero el monasterio de Orduña presentaba graves deficiencias: más de 50 goteras, un tejado de más de 1.000 metros cuadrados en mal estado, problemas eléctricos y condiciones de habitabilidad precarias. A pesar de ello, comenzaron las obras, especialmente en la cubierta.

La venta bloqueada y el conflicto judicial

La paralización de la venta de Derio dejó a la comunidad sin liquidez para afrontar los pagos pactados. Las Clarisas de Vitoria iniciaron acciones legales para rescindir el contrato e intentar recuperar Orduña. Un proceso de conciliación no prosperó y el caso terminó en los tribunales.

Ante la falta de fondos, Derio fue hipotecado por 720.000 euros para financiar las reformas del tejado de Orduña. La cuota mensual asciende a 5.500 euros.

Una comunidad endeudada y un conflicto abierto

El resultado es una situación compleja: Orduña parcialmente reformado, Derio hipotecado, pagos pendientes y un litigio en curso. La operación diseñada para cerrar una etapa y comenzar otra terminó generando un escenario de fuerte tensión económica y jurídica.

La historia de este triángulo conventual —Belorado, Derio y Orduña— es la crónica de una expansión solidaria que derivó en crisis financiera, bloqueo institucional y conflicto judicial aún sin resolver.

Los fenómenos demoníacos del Monasterio de Derio

En 2020, las monjas de Belorado abandonaron el Monasterio de Derio después de casi una década marcada por fenómenos que describen como preternaturales y aterradores. Ninguna de ellas quiso pasar ni una sola noche más en el convento.

La historia comenzó en 2011, cuando las religiosas llegaron al Monasterio de Derio tras recibir una llamada de SOS entre comunidades religiosas, un recurso que se activa cuando un convento necesita revitalización. En estos casos, las monjas de otros conventos acuden para fortalecer comunidades en decadencia, especialmente cuando las religiosas mayores mueren y no hay relevo de nuevas integrantes.

Lo que encontraron en Derio fue un convento en estado crítico: monjas muy mayores con problemas físicos y psicológicos, y un ambiente que pronto reveló signos inquietantes. Entre los fenómenos que relataban estaban risas y llantos nocturnos, objetos que se movían sin explicación, manos heladoras que las tocaban por la espalda, luces que se encendían o apagaban solas y puertas que se abrían como si una mano invisible las accionara. Cada noche se volvía un desafío; el miedo era tal que las monjas solicitaron a la abadesa no pasar más tiempo allí.

La intensidad de estos sucesos las llevó a solicitar la ayuda de exorcistas. Entre 2011 y 2016 los fenómenos fueron especialmente frecuentes, aunque persistieron hasta 2020. Se enviaron hasta tres exorcistas distintos, ninguno de los cuales logró liberar el lugar del mal que allí sentían.

Además, los fenómenos comenzaron a afectar su vida digital, interfiriendo con los dispositivos electrónicos de la comunidad. “Echábamos sal a los dispositivos, los ordenadores se encendían y apagaban solos”, relataban con angustia las hermanas clarisas del Monasterio de Derio. Las pantallas mostraban imágenes de rostros demoníacos, los teclados funcionaban accionados por una mano invisible y escribían palabras incomprensibles, los teléfonos móviles se encendían o apagaban solos y aparecían imágenes del maligno en los resultados de Google. Al principio pensaron que se trataba de fallos técnicos, pero los fenómenos continuaron con intensidad, extendiéndose al mundo digital y perturbando incluso su trabajo cotidiano y oración.

“Se realizaron oraciones, se asperjó agua bendita y sal sobre los dispositivos, pero la sensación de invasión sobrenatural persistía“.

Una de las teorías sostenidas por las monjas fue que el área había sido escenario de aquelarres, cuya influencia persistía en el convento. Al investigar los alrededores, descubrieron una encina frente al convento, considerada un símbolo del diablo. Al desenterrarla, encontraron una botella en su base, lo que sugería que una monja anterior podría haber hecho un pacto con el demonio. Quemaron el árbol y dispersaron sus cenizas, pero los fenómenos continuaron manifestándose.

En el convento de Derio, las religiosas comienzan a percibir fenómenos preternaturales, que tratan de frenar sin éxito con varios exorcismos y que les obligan a abandonar el lugar. Fenómenos tales como peleas entre las monjas, ruidos inexplicables, objetos arrastrados por el techo, bebés llorando, risas tristes, pasos que van y vienen. Las manijas de las puertas giran con una fuerza invisible. Las luces se encienden y apagan. Los objetos, como las tijeras, se mueven por las mesas por sí solos. Hay objetos que caen repentinamente, voces nocturnas que vienen de la zona exterior, risas, llantos de niños y voces maquiavélicas, partituras que cuando está a punto de tocar el órgano desaparecen e incluso dos monjas ven la figura del demonio en alguna de las paredes.

Las hermanas ponen en conocimiento de la diócesis de Bilbao lo que está ocurriendo y el obispado lleva a cabo diversas investigaciones y procedimientos del ritual de exorcismos. Con todo ello redacta un informe en el que concluye: «No consta la certeza de tales fenómenos».

Cronología de sucesos destacados:

  • 16 de julio de 2016: El exorcista de la diócesis practica un exorcismo en el convento.
  • Julio de 2018: El mismo exorcista considera que no debe repetirse el exorcismo, razón por la cual lo hace el obispo Mario Iceta.
  • Marzo de 2019: Ante la persistencia de los fenómenos, el obispo designa a Ernesto Bilbao como exorcista y confesor ordinario de la comunidad, sin advertirse mejoría.
  • La madre abadesa consulta a tres exorcistas, dos de los cuales indican signos de acción extraordinaria del demonio en el lugar.
  • También se consulta con un exorcista de Roma, que sugiere dos posibles causas: la celebración de aquelarres, misas negras u otros ritos satánicos, o un pacto de alguna monja con el demonio.
  • 28 de diciembre de 2019: El obispo realiza misa y exorcismo en la cripta de la iglesia.
  • 31 de diciembre de 2019: La abadesa solicita traslado al convento de Orduña, alegando la situación insoportable.
  • Marzo de 2020: Los fenómenos empeoran; el obispo permite a cada monja tener una hostia consagrada en su celda.
  • 2020: La comunidad abandona el convento de Derio y se traslada al de Orduña.

Finalmente, el miedo y la imposibilidad de superar los sucesos llevaron a la comunidad de Belorado a abandonar el Monasterio de Derio, dejando atrás un lugar marcado por lo inexplicable y lo sobrenatural, tanto en lo físico como en lo digital.

Francisco Canals

Actos de vandalismo en el Monasterio de Derio

La Comunidad de Monjas Clarisas de Belorado informa a la opinión pública y a los medios de comunicación sobre una serie de hechos acontecidos en el Monasterio de Derio, inmueble que sigue bajo su responsabilidad.

Durante las últimas semanas se han producido actos de vandalismo en dicho monasterio, causando daños materiales y alterando la paz propia de un espacio consagrado a la vida religiosa. Estos sucesos han sido ya comunicados a las autoridades competentes, con las cuales están colaborando activamente para su investigación.

Las religiosas desean recordar que, en años anteriores, las hermanas que residían en el Monasterio de Derio relataron haber experimentado fenómenos que ellas describieron como de carácter preternatural, incluyendo ruidos y risas nocturnas, desplazamientos violentos de objetos, llantos inexplicables y la sensación —en algunos casos la visión— de una presencia de naturaleza demoníaca. Dichos testimonios generaron un profundo temor en la comunidad, hasta el punto de que ninguna hermana pudo continuar su vida cotidiana en aquel lugar.

Estos relatos alcanzaron notable repercusión mediática, llegando a merecer un reportaje de página completa en The New York Times.

En su momento, se solicitó la presencia de sacerdotes designados para oraciones especiales y ritos de liberación, aunque tales intervenciones no consiguieron devolver la tranquilidad espiritual a las religiosas.

En el marco de los vandalis­mos recientes, la comunidad ha constatado rotura violenta de muebles y objetos, forzamiento de puertas, revuelta y dispersión de documentos y la destrucción de varias tallas de madera. Asimismo, se han observado signos y restos materiales que, por su naturaleza, las hermanas interpretan como indicios de la realización de rituales de carácter ocultista o prácticas de índole satánica dentro del recinto. Estos elementos han sido igualmente comunicados a las autoridades para su análisis.

Ante esta situación, la comunidad reitera su preocupación por la seguridad y el respeto debidos al patrimonio religioso y cultural, y pide a la sociedad prudencia, colaboración y oración por la paz espiritual y material de todos los lugares consagrados.