El juzgado abre diligencias por los vehículos de las Monjas de Belorado

Tan solo un día después de la comparecencia de cinco religiosas ante el Juzgado de Instrucción Número 5 de Bilbao en relación con la atención a personas mayores, la comunidad afronta ahora un nuevo e inesperado desafío que abre un nuevo capítulo: la gestión y disponibilidad de sus vehículos.

En este contexto, hoy a las 12:00 horas está prevista en el juzgado de Briviesca la comparecencia del representante legal del Comisario Pontificio y del representante legal de las monjas (las monjas no comparecen, sino que lo hacen a través de su abogado) quienes responderán a distintas cuestiones relacionadas con el uso y titularidad de los vehículos que usaban las monjas en su vida diaria conventual.

En todos los conventos, el uso de coches y furgonetas resulta esencial para garantizar el correcto funcionamiento de la vida comunitaria. Estos medios son indispensables para tareas logísticas básicas, como la realización de compras, gestiones, o el traslado de las religiosas a centros de salud y otras citas necesarias.

La comunidad contaba con un total de cinco vehículos, de los cuales tres se encontraban operativos. Existía además un vehículo antiguo que fue dado de baja hace tiempo. Entre los vehículos figuraban dos en régimen de renting, ambos modelos Nissan Qashqai, que no eran propiedad del monasterio sino de la empresa arrendadora. Uno de ellos fue devuelto a requerimiento de la empresa, mientras que el otro quedó en el monasterio el día de su entrega, junto con una Fiat Doblò que llevaba meses averiado y sin uso.

El Comisario habría tenido conocimiento de algunos de esos vehículos sin manifestar objeción alguna, asumiendo además el pago de seguros y, en el caso de los vehículos de renting, los gastos de combustible. No fue hasta julio de 2025 cuando se interpuso denuncia sobre este asunto.

Cabe destacar asimismo que uno de los vehículos, un coche de marca Mercedes con 27 años de antigüedad, donado a la comunidad hace más de una década, fue a su vez entregado por las monjas a víctimas de la DANA como gesto solidario. La comunidad considera cuestionable que esta actuación haya sido objeto de reproche, entendiendo que la ayuda a personas afectadas por una tragedia debería ser un principio compartido.

Todos los vehículos fueron finalmente entregados junto con el monasterio el pasado 12 de marzo.

Francisco Canals, periodista

Monjas de Belorado: «es una persecución a nuestra fe»

Un total de seis religiosas acuden hoy, a las 9:30 h, a los juzgados de Bilbao para declarar en calidad de investigadas por un presunto delito de trato degradante hacia las monjas mayores. Se trata del mayor número de monjas que comparece en esta causa desde el inicio de la instrucción.

Las religiosas fueron desahuciadas de Belorado, pero aún mantienen el control de los conventos de Derio y Orduña. En este último permanecen concentradas, pasando los días previos a la vista del 4 de mayo de 2026. Las monjas realizan cultos litúrgicos y llevan una vida de oración y discernimiento. Durante estos días también cuidan de los árboles apadrinados en el convento.

Las religiosas niegan cualquier forma de maltrato hacia las personas mayores, ya que han sido formadas en el respeto hacia las más ancianas. «Estamos colaborando plenamente en la revisión de los hechos porque no tememos a la verdad. No existe ni ha existido ninguna práctica de abuso dentro de nuestra comunidad».

La longevidad de las monjas (entre 89 y 101 años) sugiere que estaban bien cuidadas y gozaban de una buena calidad de vida, con rutinas estables y seguimiento médico. Siempre expresaron el deseo de permanecer junto a las monjas más jóvenes. En dos ocasiones se les denegó el acceso a visitas en la habitación donde estaban ingresadas las mayores en el Hospital de Basurto, y ni siquiera fueron invitadas ni informadas del funeral de sor Getsemaní, anciana que falleció tan solo 20 días después del traslado.

Sin duda, esta es una historia de monjas rebeldes —afirma Canals—: monjas mártires del siglo XXI que se enfrentan al sistema, castigadas por trabajar tanto. Las hermanas desafiaron tradiciones arraigadas en el seno de la Iglesia. Ellas no conocen la rendición; saben que la Iglesia tratará de desacreditarlas, pero permanecerán unidas ante la adversidad. Son mujeres de carácter fuerte, firmes en sus convicciones.

Lo que hoy se presenta como un conflicto nace, en realidad, del resultado de tensiones humanas complejas: ellas son, y serán, monjas mártires del siglo XXI. Hicieron un voto de obediencia, pero no de silencio ante la injusticia; las religiosas se enfrentan a sombras de dimensión desconocida, pero llevan su vocación hasta las últimas consecuencias. Son tan espirituales como poco prácticas, pero su rebeldía no destruye, sino que cuestiona y transforma.

Preocupación ante los crecientes rumores sobre el empeoramiento de salud de las monjas mayores

La comunidad de monjas de Belorado desea manifestar su profunda preocupación y angustia ante los crecientes rumores que apuntan a un posible empeoramiento del estado de salud de las cinco hermanas de mayor edad derivado de su traslado desde el Monasterio de Orduña.

La comunidad ya advirtió, tanto en el día de ayer como con anterioridad al traslado, del grave riesgo que dicha decisión podía suponer para las hermanas mayores. En Orduña se encontraban debidamente atendidas, en un entorno afectivo, estable y plenamente acorde con su vida religiosa, junto a su familia de hermanas y en lo que ha sido siempre su propia casa.

Las propias hermanas mayores expresaron de manera clara y reiterada su voluntad de no ser separadas, siendo conscientes de su edad, de su estado de salud y de la importancia del acompañamiento fraterno y espiritual para su bienestar. Pese a estas advertencias, el traslado se llevó a cabo de manera totalmente temeraria, provocando una separación que consideramos innecesaria, traumática y profundamente dolorosa.

En las últimas horas han aumentado los rumores sobre el deterioro de su estado de salud y la angustia que estarían padeciendo. Sin embargo, la comunidad de Belorado permanece incomunicada, sin posibilidad de contacto directo con ellas, lo que incrementa la preocupación y el sentimiento de indefensión ante una situación que consideramos una grave injusticia. Solicitamos a toda la comunidad periodística que nos ayuden ante esta injusta situación.

Hacemos un llamamiento a la responsabilidad y a la sensibilidad de quienes han intervenido en esta decisión para que se adopten medidas urgentes que pongan fin a esta situación y devuelvan a las monjas mayores.

Las monjas clarisas de Belorado celebran la tradicional Misa del Gallo

La comunidad de monjas de Belorado celebra la tradicional misa del gallo, uno de los actos litúrgicos más significativos del calendario. La celebración, marcada por el recogimiento y la oración, se ha desarrollado en un clima de profunda espiritualidad.

Este acto litúrgico no supone una interrupción de la vida conventual, sino que se integra plenamente en la actividad espiritual diaria de la comunidad, basada en la oración, la contemplación y el trabajo cotidiano. El obispo valenciano Rafael Cloquell ha desarrollado el acto litúrgico.

Las monjas de Belorado continúan así fieles a su vocación, manteniendo su ritmo habitual de vida religiosa durante las festividades navideñas, en coherencia con la tradición y el sentido profundo de estas fechas.

La comunidad desea trasladar un mensaje de paz, esperanza y oración a todos aquellos que siguen con interés su vida espiritual y agradece las muestras de respeto y apoyo recibidas.

Fallece Sor Getsemaní, una de las monjas mayores

Las monjas desean comunicar, con gran pesar, a la opinión pública que, con fecha 12 de enero de 2026, han tenido conocimiento del fallecimiento de sor Getsemaní, ocurrido el pasado viernes 9 de enero, a los 89 años de edad, en el monasterio de Santa Clara de Castil de Lences.

Las monjas jóvenes ya advirtieron públicamente, el pasado mes de diciembre, que este desenlace era altamente probable, ya que el traslado de monjas de edad avanzada, su alejamiento del entorno afectivo y emocional y la separación de la comunidad con la que habían convivido durante décadas podían derivar en un acontecimiento trágico. Pese a ello, dichas advertencias no fueron atendidas ni tenidas en cuenta.

En la intervención del 18 de diciembre, nadie quiso hacer caso de las advertencias de las monjas sobre la medicación y los cuidados de las mayores, siendo precisamente esta monja la que presentaba las patologías más delicadas y con la que había que extremar las precauciones. Es obvio que su traslado, en las condiciones en que se realizó, la desestabilizó por completo.

Sor Getsemaní (Burgos, 89 años) fue una mujer de gran sabiduría y discernimiento. Cauta, prudente, amante del diálogo y del silencio, supo armonizar lo antiguo con lo nuevo. Maestra de profesión, fue una gran religiosa. Destacó por su inteligencia interior: profunda, pedagógica y sabia, enseñó a las monjas jóvenes a vivir conforme al carisma de las clarisas. De personalidad fuerte y muy querida por la comunidad, poseía un innato espíritu franciscano.

Asimismo, las monjas de Belorado disponen de un certificado emitido por un reconocido neurólogo vasco, responsable del seguimiento médico de sor Getsemaní, en el que se indicaba de forma expresa que no era aconsejable su traslado.

Las monjas jóvenes han tenido conocimiento de este trágico fallecimiento de manera casual, sin haber sido notificadas ni avisadas, pese a tratarse de una hermana con 67 años de vida religiosa que había convivido durante cerca de 40 años con algunas de las monjas.

La comunidad lamenta profundamente este final de su hermana, a la que querían muchísimo, al igual que al resto de las mayores que fueron arrancadas de su casa.

Sor Miryam, monja rebelde de Belorado, se retira un año tras un fuerte desgaste físico y mental

La comunidad de monjas del Monasterio de Belorado ha informado de que Sor Miryam, una de las ocho religiosas que actualmente forman parte del convento, se ha visto en la necesidad de acogerse de manera temporal a la figura canónica de “un año de ausencia comunitaria”. Esta decisión responde al fuerte desgaste físico, psicológico y emocional que viene padeciendo desde hace meses a causa de la intensa presión mediática, legal y judicial.

La medida no implica en absoluto un abandono de la vida religiosa, ni una exclaustración, ni una ruptura con la comunidad. Se trata de un recurso contemplado dentro de la vida conventual para salvaguardar la salud integral de una religiosa cuando las circunstancias externas resultan especialmente difíciles de sobrellevar.

Dentro del monasterio, Sor Miryam ocupa además un lugar muy significativo. Era la religiosa encargada de la cocina y una gran experta en gastronomía, conocida por su extraordinario talento culinario. Su habilidad la llevó incluso a participar en el reconocido encuentro gastronómico Madrid Fusión, donde sorprendió a cocineros y profesionales de todo el mundo, convirtiéndose en una figura singular dentro de la gastronomía conventual. Considerada “la manos de oro” de la cocina, Sor Miryam custodia una extensa tradición repostera y chocolatera, con dulces y elaboraciones artesanales que durante años no solo han sostenido económicamente al monasterio, sino que también forman parte de un valioso patrimonio cultural y gastronómico.

El desencadenante más inmediato de esta situación ha sido el reciente registro realizado por orden de una jueza de Bilbao, así como la separación de las monjas más jóvenes de las mayores. Estas circunstancias han dejado a Sor Miryam profundamente afectada, hasta el punto de entrar en estado de shock, agravando aún más el gran desgaste acumulado tras meses de presión continuada.

Salvemos a las Monjas punto com

La comunidad ha puesto en marcha una campaña de microdonaciones a través de la página web www.salvemosalasmonjas.com, donde cualquier persona puede colaborar de forma sencilla y segura para ayudarles a afrontar esta difícil situación y comenzar una nueva etapa.

Apoya a una comunidad de religiosas con casi 700 años de historia. Desde 1349 han vivido fieles a su vocación, manteniendo una tradición de fe, trabajo y vida en clausura que forma parte de nuestro patrimonio espiritual.

Hoy atraviesan una situación límite tras defender su postura y su modelo de vida frente a la Iglesia Conciliar. Han afrontado 8 procesos judiciales, desahucios, querellas, juicios penales y una intensa presión mediática con más de 4.000 noticias publicadas y 35 campañas de prensa. El próximo 12 de marzo de 2026 serán desahuciadas del que ha sido su hogar durante casi siete siglos.

Lejos de rendirse, estas hermanas han demostrado un espíritu emprendedor y creativo, impulsando proyectos de chocolate y repostería artesanal, un restaurante de clausura, actividades de horticultura, cuidado de animales, trabajos de corral doméstico y programas de apadrinamiento de árboles y gallinas. Su esfuerzo constante ha sido una forma digna de sostener a la comunidad incluso en medio de la adversidad.

Ahora el mayor riesgo es la dispersión de la comunidad. Tras toda una vida compartida, podrían verse obligadas a separarse y empezar desde cero. Necesitan apoyo económico para cubrir deudas y facturas, afrontar los gastos derivados de los procedimientos judiciales, financiar un posible traslado y adaptar un nuevo espacio donde poder continuar su vida religiosa.

Tu contribución, sea cual sea su importe, significa mucho para ellas. Ayudar es hacer posible que su fe, su trabajo y su legado sigan vivos después de casi 700 años de historia. Hoy necesitan comenzar de nuevo. Haz posible que puedan continuar.

Actos de vandalismo en el Monasterio de Derio

La Comunidad de Monjas Clarisas de Belorado informa a la opinión pública y a los medios de comunicación sobre una serie de hechos acontecidos en el Monasterio de Derio, inmueble que sigue bajo su responsabilidad.

Durante las últimas semanas se han producido actos de vandalismo en dicho monasterio, causando daños materiales y alterando la paz propia de un espacio consagrado a la vida religiosa. Estos sucesos han sido ya comunicados a las autoridades competentes, con las cuales están colaborando activamente para su investigación.

Las religiosas desean recordar que, en años anteriores, las hermanas que residían en el Monasterio de Derio relataron haber experimentado fenómenos que ellas describieron como de carácter preternatural, incluyendo ruidos y risas nocturnas, desplazamientos violentos de objetos, llantos inexplicables y la sensación —en algunos casos la visión— de una presencia de naturaleza demoníaca. Dichos testimonios generaron un profundo temor en la comunidad, hasta el punto de que ninguna hermana pudo continuar su vida cotidiana en aquel lugar.

Estos relatos alcanzaron notable repercusión mediática, llegando a merecer un reportaje de página completa en The New York Times.

En su momento, se solicitó la presencia de sacerdotes designados para oraciones especiales y ritos de liberación, aunque tales intervenciones no consiguieron devolver la tranquilidad espiritual a las religiosas.

En el marco de los vandalis­mos recientes, la comunidad ha constatado rotura violenta de muebles y objetos, forzamiento de puertas, revuelta y dispersión de documentos y la destrucción de varias tallas de madera. Asimismo, se han observado signos y restos materiales que, por su naturaleza, las hermanas interpretan como indicios de la realización de rituales de carácter ocultista o prácticas de índole satánica dentro del recinto. Estos elementos han sido igualmente comunicados a las autoridades para su análisis.

Ante esta situación, la comunidad reitera su preocupación por la seguridad y el respeto debidos al patrimonio religioso y cultural, y pide a la sociedad prudencia, colaboración y oración por la paz espiritual y material de todos los lugares consagrados.

Apadrina un árbol en el convento de Orduña

Las Hermanas Clarisas del Monasterio de Belorado han puesto en marcha una campaña tan simbólica como necesaria: el apadrinamiento de árboles bajo el lema “UN ÁRBOL PARA QUEDARSE”. La iniciativa, que se desarrollará en el Monasterio de Orduña, nace con un doble propósito: ofrecer un respaldo económico directo a la comunidad religiosa y reforzar el arraigo espiritual y humano que representan.

En un momento especialmente delicado, marcado por dificultades económicas, juicios y el riesgo de desahucio, las monjas apuestan por una propuesta que hunde sus raíces en la tierra y eleva su mirada hacia la esperanza. Cada pequeño acebo plantado simboliza no solo la continuidad de una historia monástica centenaria, sino también la resistencia serena de unas mujeres que han decidido permanecer fieles a su vocación pese a la adversidad.

Un gesto que echa raíces

La campaña invita a fieles, amigos y cualquier persona sensible a su causa a convertirse en padrinos de un árbol. Con una aportación de 50 euros, cada colaborador hará posible la plantación desde cero, así como su cuidado, riego y poda. El árbol llevará el nombre del padrino y, cada seis meses, este recibirá una fotografía o vídeo que muestre su crecimiento.

Más que una ayuda puntual, se trata de un vínculo vivo. “Cada árbol es un acto de fe. Cada raíz que crece es una promesa: aquí seguiremos y aquí floreceremos”, señalan desde la comunidad. El proyecto busca cubrir gastos básicos y facturas esenciales, proporcionando un respiro en medio de la presión económica que afrontan.

Enraizar para permanecer

La iniciativa no solo tiene un componente solidario, sino también ecológico y espiritual. Plantar un árbol es apostar por la vida, por el cuidado del entorno natural y por la permanencia de un legado que forma parte de la historia religiosa y cultural de la región.

Las Clarisas subrayan que serán ellas mismas quienes planten y cuiden cada acebo, con la dedicación y delicadeza que caracteriza su día a día entre la oración y el trabajo. De este modo, el padrino no solo contribuye económicamente, sino que pasa a formar parte de una red de raíces que simboliza comunidad, apoyo mutuo y esperanza compartida.

¿Cómo participar?

Apadrinar un árbol es sencillo: basta con realizar la aportación de 50 euros destinada íntegramente a la plantación y mantenimiento del ejemplar. A cambio, el padrino tendrá un árbol con su nombre en el monasterio y la certeza de estar colaborando activamente para que esta comunidad pueda seguir adelante.

En tiempos inciertos, la campaña “UN ÁRBOL PARA QUEDARSE” se presenta como una invitación a sembrar futuro. Un pequeño gesto que, como toda semilla, puede crecer hasta convertirse en un signo firme de permanencia y solidaridad.

Las voces consagradas de las monjas cantantes de Belorado

Tradición, música y talento bajo el velo

Nada más cruzar el umbral del monasterio, percibo que la música no es un simple acompañamiento, es el latido mismo de la comunidad. Pronto me doy cuenta de que las monjas tienen una voz de oro: entre pasillos silenciosos y conversaciones discretas se desliza el sonido de un órgano. Sor Belén, la monja gallega del convento, es quien lo hace sonar. Es una religiosa afable y discreta, estudió magisterio musical y, con su sólida formación, ha puesto siempre su cultura al servicio de la liturgia, dando voz y armonía a cada celebración. Las misas de las monjas de Belorado están impregnadas de música; son monjas cantoras en todo su esplendor. En su iglesia custodian dos órganos: uno de pequeñas dimensiones, ágil y cercano, y otro de mayor envergadura, conocido como el órgano conventual.

Las monjas de Belorado han custodiado, desde sus orígenes, una valiosa tradición musical. En su convento, la música ocupa un lugar esencial: los cantos gregorianos llenan el espacio y expresan la profundidad de su fe. Para la comunidad, la música es un testimonio vivo de la unión entre espiritualidad y vida religiosa.

A lo largo de los siglos, las hermanas han cultivado su propio legado musical, componiendo repertorios propios y creando piezas de notable calidad. Esta herencia artística forma parte inseparable de su identidad.

El órgano constituye uno de sus principales medios de expresión. Su sonido acompaña y enriquece el canto gregoriano, recordando la profunda conexión entre las hermanas y vocación.

«Cada órgano tiene una personalidad única y requiere una preparación específica», explica sor Belén, encargada de acompañar las misas. Su formación musical, unida a su vocación religiosa, refleja la dedicación con la que las clarisas viven este arte.

En esta tradición destaca también la figura histórica de la Madre Pureza, antigua abadesa que cursó estudios de piano y compuso numerosas piezas. Su legado ha dejado una huella imborrable en la vida musical del monasterio.

La comunidad cuenta con dos órganos. El primero es un órgano positivo, de menores dimensiones, ligero y manejable, que se utiliza habitualmente en las celebraciones diarias. El segundo es el órgano conventual, fechado en el siglo XVIII y restaurado en 2002, proceso que permitió recuperar plenamente su sonoridad y riqueza tímbrica.

Con el deseo de difundir su patrimonio musical y agradecer el apoyo recibido, las monjas clarisas han producido su propio CD. Esta iniciativa busca, además, contribuir a aliviar su situación económica y ayudarles a afrontar las dificultades actuales.