Sor Berit: «Nos hemos convertido en un faro para muchas personas»

Sor Berit, una de las monjas clarisas de Belorado, habla con firmeza sobre la decisión de las religiosas de hacer pública su postura y sobre las reacciones que su actitud ha provocado dentro y fuera de su entorno. Lejos de considerar que hayan generado un escándalo, defiende que simplemente han dado un paso al frente para expresar sus convicciones y aquello que consideran verdadero. En esta conversación, Sor Berit asegura que, aunque algunas personas se han alejado de ellas, también han recibido numerosas muestras de apoyo desde distintos lugares del mundo. «Nos están llamando de distintos países para darnos ánimos», explica, convencida de que el mensaje de las religiosas ha trascendido el ámbito de Belorado.

—En los últimos meses han recibido numerosas muestras de apoyo. ¿Cómo están viviendo ese respaldo?

—Lo vivimos con mucho agradecimiento. Nos están llamando de distintos países del mundo para darnos ánimos y también recibimos mensajes de personas que quieren transmitirnos su apoyo. Muchas veces son personas que no conocemos, pero que han sentido la necesidad de ponerse en contacto con nosotras. Para nosotras es muy importante saber que hay gente que está siguiendo lo que ocurre y que comprende nuestra posición.

—Ese apoyo contrasta con el alejamiento de algunas personas de su entorno más cercano.

—Sí, y es una realidad que hemos vivido. Muchas personas de nuestro entorno se han retirado, pero al mismo tiempo otras se están aproximando. Hay personas que se han acercado precisamente porque consideran que hemos hecho algo importante al dar la cara y expresar públicamente lo que pensamos. En una situación como esta hay personas que se alejan y otras que, por el contrario, sienten que quieren estar más cerca.

—¿Sienten entonces que hay mucha gente detrás de ustedes?

—Hay mucha gente en el mundo que nos apoya. Nos llegan muestras de cariño desde distintos lugares y eso nos da fuerza. También nos demuestra que lo que estamos viviendo no se queda solamente aquí. Ha trascendido y ha llegado a personas que, de alguna manera, se sienten identificadas con lo que hemos hecho.

—Ustedes publicaron un manifiesto católico. ¿Qué les llevó a hacerlo?

—Nosotras publicamos un manifiesto católico porque sentíamos que teníamos que expresar nuestra posición. Era importante para nosotras dejar constancia de aquello en lo que creemos y poder explicarlo públicamente. No queríamos permanecer en silencio cuando considerábamos que había cosas que debían decirse.

—Han afirmado también que, si los obispos no hablan, tendrán que hablar los fieles. ¿Por qué?

—Porque creemos que los fieles también tienen una responsabilidad. Si los obispos no hablan, tendrán que hablar los fieles. No podemos pensar que solamente quienes tienen una determinada responsabilidad dentro de la Iglesia pueden expresar sus preocupaciones o sus convicciones. Los fieles también tienen voz y creemos que deben utilizarla cuando consideran que es necesario.

—Su decisión de hablar ha generado polémica. ¿Consideran que realmente han provocado un escándalo?

—No es ningún escándalo que nosotras hayamos dicho la verdad. Lo que hemos hecho es hablar desde nuestras convicciones y dar la cara. Cuando una persona dice la verdad, trasciende. Quizá en un primer momento pueda haber personas que no lo entiendan o que no estén de acuerdo, pero cuando uno habla desde la verdad, ese mensaje puede llegar mucho más lejos.

—¿Qué significado tiene para ustedes comprobar que muchas personas les agradecen precisamente haber dado ese paso?

—Para nosotras significa mucho. Hoy en día hay mucha gente que nos agradece haber dado la cara. Eso nos hace pensar que quizá había personas que necesitaban que alguien hablara, que alguien expresara públicamente determinadas cosas. Nosotras no lo hicimos buscando protagonismo, sino porque sentíamos que era nuestra responsabilidad.

—¿Cómo definiría entonces el papel que están desempeñando actualmente las monjas de Belorado?

—Nosotras no buscamos ser protagonistas. Simplemente hemos intentado ser fieles a lo que pensamos y a aquello en lo que creemos. Pero si nuestra actitud está sirviendo para que otras personas reflexionen, para que encuentren una luz o incluso para que se atrevan a expresar sus propias inquietudes, lo agradecemos. Estamos siendo como una luz para muchos y, de alguna manera, nos hemos convertido en un faro para muchas personas.

—¿Qué les diría a quienes continúan apoyándolas desde distintos lugares?

—Que estamos profundamente agradecidas. Saber que hay personas que nos acompañan, que nos dan ánimos y que siguen lo que estamos viviendo desde tantos lugares del mundo es algo que valoramos muchísimo. Al final, cuando uno decide decir la verdad y dar la cara, nunca sabe hasta dónde puede llegar ese testimonio.

Monjas perseguidas a lo largo de la historia

A lo largo de la historia, numerosas religiosas fueron perseguidas, procesadas o castigadas por motivos religiosos o por enfrentarse a las estructuras de poder de su tiempo. Entre los casos más conocidos se encuentra Sor Juana Inés de la Cruz, presionada por las autoridades eclesiásticas para abandonar sus escritos y estudios tras defender el derecho de las mujeres al conocimiento. Marguerite Porete fue juzgada por la Inquisición y condenada a la hoguera en 1310 por las ideas expresadas en El espejo de las almas simples. Benedetta Carlini, monja italiana del siglo XVII, fue investigada por supuestas falsas visiones místicas, fue enviada a la cárcel durante 35 años y recluida durante décadas. Las Carmelitas de Compiègne fueron juzgadas, encarceladas y guillotinadas durante la Revolución Francesa por negarse a renunciar a su vida religiosa, las 16 monjas se enfrentaron al sistema al intentar evitar la supresión de los monasterios afirma Canals.

Más recientemente, en 2009, el caso de sor Clara Moya, antigua abadesa del convento de Santa Cruz de Córdoba, generó una notable controversia. Fue apartada de su cargo y expulsada del convento tras una serie de acusaciones relacionadas con la gestión del patrimonio conventual, acusaciones que siempre negó. Quienes respaldan su versión sostienen que fue víctima de una persecución interna derivada de conflictos con la jerarquía eclesiástica y de disputas sobre el control del convento.

Ya en el siglo XXI, encontramos el caso de las monjas de Belorado , estas religiosas consideran que ellas mismas están siendo objeto de una situación similar. Según explica Canals, la comunidad continúa pendiente de nuevas actuaciones judiciales, las hermanas viven una presión sin límites, en una situación sin precedentes en las que monjas con un proyecto de fe y vida podrían ser injustamente encarceladas. Las monjas clarisas de Belorado continúan afrontando nuevos procedimientos judiciales y permanecen a la espera de nuevas comparecencias. Entre ellas, figura la señalada para el próximo 27 de julio de 2026, en relación con la venta de casullas en Wallapop, la venta de obras de arte y el uso de vehículos durante su etapa en el convento de Belorado, todas en fase de instrucción.

Francisco Canals

Entrevista a Sor Belén: «Solo Cristo saciaba mi sed de infinito»

Cruzo lentamente la puerta del monasterio y me adentro en un mundo donde el silencio parece tener cuerpo. El bullicio queda atrás y es sustituido por la quietud del claustro, por el aroma de la piedra antigua y por una paz que envuelve cada rincón. Allí encuentro a Sor Belén, la voz de oro del convento. Es la hermana que hace hablar al órgano conventual; de sus manos nacen melodías puras e infinitas y sonidos celestiales que llenan la iglesia con una belleza serena, como si cada nota fuera una oración elevada al cielo. Antes de abrazar la vida contemplativa estudia Magisterio Musical y ahora pone ese talento al servicio de la liturgia y de sus hermanas.

Es la monja gallega del convento: tranquila, amable, discreta y observadora, dotada de una amabilidad excepcional que se percibe desde el primer instante. Cuando toma asiento frente a mí, al otro lado del locutorio, su serenidad transmite la impresión de quien ha encontrado en Cristo el centro de toda su vida.

Desde muy pequeña pude reconocer la presencia de Dios en mí. Así fueron pasando los años y poco a poco descubrí que sólo Cristo saciaba mi sed de infinito, de un amor que no acaba.

¿Fue esa certeza la que la llevó a ingresar en la vida contemplativa?

Sí. Entré en el monasterio para seguirle a Él junto con mis hermanas, como clarisa, descubrir su voluntad para nosotras y seguirla como un solo cuerpo.

Lleva muchos años viviendo en clausura. ¿Cómo ha sido ese camino?

Desde el 12 de septiembre de 1999 he vivido en clausura, en el monasterio. Ha sido una vida de oración y trabajo junto con mis hermanas. Siempre han sido luz, ejemplo y apoyo para mí. Muchas veces me ayudaron a seguir a Cristo como yo buscaba hacerlo al abrazar esta vida.

Sin embargo, en un momento determinado comenzaron a surgir dudas.

Sí. Ya desde la pandemia empecé a ver cosas en la Iglesia que me parecían extrañas, que no cuadraban con la fe que había profesado.

¿Qué hechos despertaron esa inquietud?

Por ejemplo, que las iglesias estuvieran cerradas y la gente no tuviera acceso a los sacramentos. Pensaba en tantos santos que murieron por contagiarse durante epidemias porque permanecían acompañando a todos. Siempre eran los últimos en abandonar.

¿Aquello fue el inicio de un cuestionamiento más profundo?

Sí. La inquietud fue creciendo cuando oía decir que Cristo no resucitó verdaderamente, sino que la resurrección fue una experiencia espiritual de los apóstoles. O que todos los caminos llevan a Dios, que da igual ser musulmán, católico o budista.

¿Cómo reaccionó ante esas afirmaciones?

Para mí la respuesta era clara. No. Cristo dijo que Él es la Verdad, el Camino y la Vida.

¿Qué se preguntaba entonces?

Era una pregunta muy sencilla, pero cada vez más urgente: «¿Qué está pasando?»

Usted sitúa un momento decisivo en el año 2024.

Así es. Tuvimos la oportunidad de confrontar la doctrina católica de siglos con lo que ahora ocurría bajo la doctrina del Concilio Vaticano II.

¿Qué descubrió en esa confrontación?

Me di cuenta de que, en realidad, estaba viviendo en la herejía, en una gran mentira. Verlo escrito fue una evidencia para mí. Ya no podía negarlo. Sin ninguna duda, ese fue el punto de inflexión.

¿Cómo vivieron ese proceso las demás hermanas?

Gracias a Dios, esa es mi gran alegría. Todas estamos de acuerdo en esto. Cada una, siguiendo su camino, fue llegando a la misma conclusión, y eso nos permite seguir adelante.

Hoy se encuentra inmersa en un proceso penal. ¿Cómo interpreta esa situación?

Tengo la certeza de que ahora me veo acusada de múltiples delitos y envuelta en un proceso penal que conlleva cárcel y ruina económica.

¿A qué atribuye esa situación?

Nada más que por seguir a mi conciencia. Mi conciencia me dice que ésta es la fe que ha creído siempre la Iglesia Católica y que así cumplo con fidelidad lo que un día prometí.

Después de todo lo vivido, ¿qué permanece inalterable en usted?

La certeza de seguir a Cristo y de permanecer fiel a la fe que he creído y prometido vivir.

…De cómo uno pasa de buscar a Dios a encontrarle en la Cruz…

Este pequeño relato lo comienzo así, como buscadora de Dios que me reconozco. ¿por qué entré en la vida religiosa? Porque me enamoré, me entusiasmé y quedé prendada de una Persona que tenía todo en sus manos, que era insondable, e imposible de abarcar para la mente humana, y que aún así se hacía cercano y me concedía una vida para ir conociéndole, para que Él se revelase en mi vida. ¿a quién no cautiva una promesa como esta? “El Señor ha elegido a Sión ha deseado vivir en ella, esta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo”Sal 131. Y por si fuera poco, también me regaló “algo” maravilloso. “Algo” que te permite ver la vida con unos ojos especiales, con una mirada profunda, como el que puede sacar el máximo partido a cada cosa que ve, que admira, que hace…la Fe. Una FE que es regalo y gratuito, que es un don que recibes inmerecidamente y que se te pide cuidar. Una Fe que te permite CONOCER, y por tanto AMAR, a Dios y a todos los que Él ama.

En este conocer, se recorre un camino, tantas veces arduo, de purificación, para no ver con ojos mundanos, si no con ojos limpios, sencillos, puros…y se te regala la Gracia de aprender a detectar lo que es Dios y lo que no es Dios. Maestro de vida para aprender esta mirada son Francisco y Clara de Asís, mis padres. Conocerles, pensar en ellos, hablar con ellos y buscar a Dios a través de sus ojos de Fe sigue siendo para mí un entusiasmo cotidiano, un enamoramiento de la Vida, de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza.

Ellos me ayudan a ver a Cristo, mi Esposo, como el más bello de los hijos de los hombres, inclusive, y todavía más en la Cruz y hecho Niño en Belén. Pobreza, sencillez, anonadamiento…y entrega y servicio a los que Dios pone a tu lado…a las primeras…a mis hermanas. Así llego hasta ellas, siempre desde el Amor a Él y desde la mirada de Francisco y Clara a los hermanos…a los que compartimos un mismo Padre de las misericordias.

Esto es…sencillamente…mi escenario y mis bastidores e cada día. Esta es la vida que elegí, porque me la enseñaron, porque he sido llamada a ella, porque mis hermanas me han enseñado a vivirlas. Desde las más ancianas, a las que he venerado desde que las conocí, hasta las más jóvenes con las que he compartido el aprendizaje de cómo andar este camino. Porque TODAS son mis hermanas, y sin ellas, yo simplemente no soy yo…sería otra cosa.

Cuando te arrebatan tesoros del corazón, compañías bondadosas, sabidurías con “patas” y personas hechas experiencia de Dios, una sufre en lo más profundo del corazón un desgarro que no quiere llenar con otra cosa que no sean ellas mismas…ese vacío se quedará ahí, como señal de Amor y duelo…y como razón para la lucha, el avance, la fidelidad a la verdad. No hay mentira, calumnia, falsa acusación, y ataque a la integridad, que pueda hacerme dudar de lo que he vivido y de lo que vivo, con conciencia tranquila y corazón esperanzado, pero también con deseo de hacer honor a la Verdad.

Entré en el monasterio por una búsqueda que consideraba profunda…pero que no sabía hasta donde. Traía muchas cosas a esta bendita comunidad…buenas…y no tan buenas…conocimiento de una bella profesión, como es la rama del conocimiento sobre la salud, mi corta experiencia como farmacéutica, mi ilusión, mi carácter, mis tendencias, mis exigencias, mi ruido..mi… mi… mi… para ir dejando de ser solo yo y mis cosas a ser Suya y nuestra…para Él y para ellas. Me enseñaron cosas sobre Dios, pero lo más importante es que me mostraron a Dios hasta que Él se me mostró a mí. Su revelación personal y Su Iglesia, su donación a su Esposa, la Iglesia y sus interminables promesas de Cruz y Resurrección.

La vida contemplativa te educa en eso, en CONTEMPLAR. Al acercarse a la belleza, uno aprende a distinguir la fealdad; al contemplar la Verdad, uno aprende a detectar la mentira; y al abrazarse a Quien es la Bondad, uno se hace sensible a la maldad. Hice cada paso que el camino de formación inicial para la vida religiosa te va marcando. No sé si bien o mal…eso es cuestión moral. Pero fue un camino de crecimiento, un camino auténtico de libertad y de pobreza. Aprendí a amar a las hermanas, por lo menos en parte, a obedecer en una pequeña medida, a fiarme y abandonar mi vida en manos de Otro…pero solo de Uno. Me hice sensible a las cosas de Dios… empecé a amar lo que Él amaba y a interesarme por los asuntos de mi Padre, como Jesús dijo en el templo a los doce años.

El testimonio de Sor Paloma: así explica una clarisa de Belorado la decisión que cambió sus vidas

Sor Paloma, la monja cordobesa de la comunidad de clarisas de Belorado, es una de las religiosas que permanece al frente de una batalla marcada por la adversidad. Junto al resto de sus hermanas, afronta desahucios, procedimientos judiciales, visitas a los juzgados, sanciones y embargos, en un conflicto que ha trascendido el ámbito eclesial para convertirse también en una cuestión civil y mediática. Pese a las dificultades, ella y las demás religiosas aseguran mantenerse firmes en su decisión de seguir adelante para defender aquello que consideran la verdadera fe católica. En su testimonio explica el camino espiritual e intelectual que, según afirma, conduce a la comunidad a tomar una de las decisiones más trascendentales de su vida.

Sor Paloma explica que, cuando conoce el monasterio de Belorado, lleva ya varios años buscando un lugar donde vivir su vocación como Esposa de Cristo según la espiritualidad de san Francisco y santa Clara, una espiritualidad que siempre le apasiona. Cuenta que se enamora del monasterio y que se siente profundamente atraída por la vida de aquellas hermanas, quienes la acogen con cariño.

Destaca que siempre percibe en la comunidad un gran equilibrio entre la dimensión divina y la humana de la vida religiosa. Afirma que allí aprende a vivir su vocación de clarisa de forma unificada, sin separar la oración, el trabajo, las relaciones personales, el descanso o el sufrimiento. Explica que entiende toda circunstancia como un lugar de encuentro con Dios y de entrega a Él, y sostiene que esa forma de vivir continúa siendo hoy el fundamento de su vida espiritual. Añade que es en ese monasterio donde, por la gracia de Dios, se entrega al Señor y a la que entonces considera la Iglesia.

Según relata, todas las hermanas comparten un profundo rechazo hacia determinadas corrientes espirituales que, en su opinión, relativizan la fe católica, banalizan lo sagrado o reducen la vida espiritual a planteamientos psicológicos. Comenta que sufren especialmente cuando participan en celebraciones presididas por sacerdotes que, a su juicio, transmiten ese tipo de ideas.

También afirma que la comunidad rechaza doctrinas como la reencarnación y cualquier enseñanza que, según entienden, niegue verdades fundamentales de la fe, como la resurrección, el perdón de los pecados, la presencia real de Cristo en la Eucaristía o la divinidad de Jesucristo. Explica que consideran preocupante encontrar esas ideas entre algunos fieles, sacerdotes, religiosos e incluso obispos, y subraya que tanto las hermanas mayores como las más jóvenes mantienen una postura unánime en este aspecto.

Sor Paloma relata que, con el paso del tiempo, va profundizando en la diferencia entre el pecado y la herejía, llegando a la convicción de que esta última reviste una gravedad especial. Explica que estas cuestiones son motivo frecuente de conversación entre las hermanas, quienes estudian, preguntan, contrastan y buscan respuestas a las dudas que les surgen. Según afirma, esas respuestas no llegan desde la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II.

Cuenta que el proceso se vuelve especialmente doloroso cuando comienzan a identificar lo que consideran herejías en las enseñanzas del papa Francisco —a quien se refiere por su apellido, Bergoglio— y, más ampliamente, en los documentos del Concilio Vaticano II. Describe ese momento como una profunda decepción y afirma que llegan a la conclusión de que han sido engañadas. Explica que posteriormente conocen el sedevacantismo, donde, según dice, encuentran respuestas fundamentadas en la Tradición de la Iglesia que confirman el camino de discernimiento que ya habían iniciado.

En este contexto, menciona diversas enseñanzas que, según su interpretación, contradicen la doctrina católica tradicional, entre ellas la afirmación de que todas las religiones conducen a Dios, determinadas formulaciones sobre la fraternidad universal, el ecumenismo, el diálogo interreligioso o algunas interpretaciones sobre la salvación. Sostiene que estas enseñanzas confirman, a su juicio, que los papas posteriores al Concilio Vaticano II no son verdaderos papas y que sus enseñanzas no forman parte del auténtico magisterio de la Iglesia.

Asimismo, explica que el estudio de la liturgia las lleva a considerar que la reforma de la Misa posterior al Concilio supone una ruptura con la tradición litúrgica anterior y que, desde su punto de vista, la nueva celebración ha perdido elementos esenciales de la Santa Misa tradicional. Sor Paloma afirma que, tras un largo proceso de oración, sufrimiento y discernimiento, ella y las demás hermanas deciden romper con la Iglesia nacida del Concilio Vaticano II y regresar a lo que consideran la verdadera Iglesia católica.

Por último, sostiene que todas las actuaciones civiles y eclesiásticas posteriores —incluidas las denuncias, los procedimientos judiciales, la pérdida del monasterio y otras medidas adoptadas contra la comunidad— responden, según su interpretación, a una persecución motivada por su postura religiosa y por haber hecho pública su adhesión al sedevacantismo. Como ejemplo, señala que las hermanas que abandonan esa posición dejan de ser objeto de las acusaciones que pesaban sobre ellas, circunstancia que, a su juicio, refuerza la idea de que el conflicto tiene un trasfondo de carácter religioso.

Sandra del Río Domínguez (Sor Alma)

Sandra del Río Domínguez nació en Ermua (Vizcaya) en 1986, en el seno de una familia vasca. Tiene un hermano dos años menor que ella. Cuando tenía seis años, su familia se trasladó a Ayegui, un pueblo de Navarra, donde cursó sus estudios de Primaria en el colegio Mater Dei. Posteriormente realizó la Educación Secundaria y el Bachillerato en el IES Tierra Estella, en Estella.

Desde joven mostró una profunda inquietud intelectual y espiritual, interesándose por cuestiones relacionadas con la existencia, la verdad, la belleza y el bien. Movida por estas inquietudes, estudió la Licenciatura en Filosofía en la Universidad de Navarra, en Pamplona. Al finalizar sus estudios, inició el Bachiller en Teología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, en Madrid.

Participó activamente en grupos de oración católicos, con especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen María. Con deseo de dedicarse al apostolado, vivió durante dos años en la provincia de Toledo, donde trabajó como profesora de Religión en institutos públicos de Secundaria y Bachillerato.

Más adelante centró su actividad en tareas de evangelización y apostolado a través de internet, hasta que sintió la llamada a la vida contemplativa, marcada por la oración, el silencio, la intercesión y la acogida espiritual. Ingresó como aspirante el 13 de junio de 2018 y tomó el hábito el 25 de junio de 2022. Actualmente es novicia.

Su formación espiritual ha estado profundamente influida por la tradición franciscana. Fue una de las religiosas que firmaron el manifiesto del llamado cisma de Belorado junto a otras hermanas de su comunidad.

¿Qué son las monjas rebeldes?

Las llamadas “monjas rebeldes” son religiosas que, aun formando parte de la vida consagrada, se apartan de la obediencia estricta a la jerarquía eclesiástica para actuar conforme a su propia conciencia y a una interpretación personal de la fe.

El término no es oficial, sino descriptivo, y se utiliza para referirse a aquellas que cuestionan normas, decisiones o autoridades de la Iglesia cuando consideran que estas entran en conflicto con valores como la justicia, la verdad o la coherencia espiritual.

El caso de las monjas de Belorado se ha convertido, para muchos, en un ejemplo paradigmático. Su ruptura no fue silenciosa ni gradual, sino explícita y pública: el 8 de mayo de 2024 firmaron ante notario un manifiesto católico en el que exponían su postura. El gesto provocó una fuerte sacudida tanto dentro de la Iglesia como en la opinión pública. En ese documento, las religiosas llegaron a calificar de “usurpador” al actual papa, una afirmación de enorme gravedad en el contexto eclesial, que precipitó su excomunión y formalizó su separación de la institución.

A partir de ahí, el conflicto adquirió todas las dimensiones posibles: doctrinal, jurídica, mediática y económica. La Iglesia respondió con las herramientas previstas en su normativa, mientras que ellas defendieron su posición apelando a la fidelidad a lo que consideran la verdadera tradición. El resultado ha sido un escenario de confrontación en el que no solo está en juego la autoridad, sino también la legitimidad de la disidencia dentro de una estructura históricamente basada en la obediencia.

Quienes observan estos casos desde una perspectiva crítica con la institución tienden a ver en estas religiosas figuras de resistencia, incluso de sacrificio. No en el sentido clásico del martirio, ligado a la muerte, sino en el que recoge la Real Academia Española al definir mártir como “persona que padece muerte o grandes sufrimientos en defensa de sus creencias o convicciones”. Bajo esta lectura, las consecuencias que afrontan —presión, aislamiento, sanciones y dificultades materiales— las acercarían a una forma de martirio contemporáneo.

Sin embargo, esta interpretación convive con otra muy distinta. Para amplios sectores de la Iglesia, estas actitudes no representan valentía, sino una ruptura que pone en riesgo la cohesión y la autoridad eclesial. Desde esta óptica, la desobediencia no es un acto profético, sino una fractura.

Entre ambas miradas se dibuja un debate que va más allá de un caso concreto. Las “monjas rebeldes” no solo interpelan a la Iglesia, sino también a la sociedad: obligan a preguntarse hasta qué punto la fidelidad a una institución puede —o debe— ceder ante la fidelidad a la propia conciencia.

Autor: F.Canals

Las monjas clarisas de Belorado celebran la tradicional Misa del Gallo

La comunidad de monjas de Belorado celebra la tradicional misa del gallo, uno de los actos litúrgicos más significativos del calendario. La celebración, marcada por el recogimiento y la oración, se ha desarrollado en un clima de profunda espiritualidad.

Este acto litúrgico no supone una interrupción de la vida conventual, sino que se integra plenamente en la actividad espiritual diaria de la comunidad, basada en la oración, la contemplación y el trabajo cotidiano. El obispo valenciano Rafael Cloquell ha desarrollado el acto litúrgico.

Las monjas de Belorado continúan así fieles a su vocación, manteniendo su ritmo habitual de vida religiosa durante las festividades navideñas, en coherencia con la tradición y el sentido profundo de estas fechas.

La comunidad desea trasladar un mensaje de paz, esperanza y oración a todos aquellos que siguen con interés su vida espiritual y agradece las muestras de respeto y apoyo recibidas.

Decenas de propuestas buscan reubicar a las Monjas de Belorado

A solo dos semanas de uno de los desahucios más relevantes de la historia de España, las monjas clarisas de Belorado han recibido más de 30 ofertas a través de la campaña Queremosunconvento.com. Reconocen que reubicarse lleva un tiempo y aún no se ha encontrado una solución definitiva ya que sería necesario contar con un margen de tiempo judicial más amplio.

Entre las numerosas iniciativas figuran ofertas de fincas rústicas, casonas y espacios ubicados en la España vaciada. Sin embargo, muchas de ellas requieren reformas que las monjas no pueden afrontar debido a la falta de recursos económicos. Han llegado propuestas desde Bilbao, Teruel, el País Vasco, Cataluña, Galicia, Castilla y León, Valencia o Andalucía, así como ofrecimientos de espacios vinculados a empresas mineras, inmuebles desatendidos en zonas despobladas, residencias de mayores e incluso habitaciones en domicilios particulares.

En muchos casos, las propuestas recibidas corresponden a espacios que no reúnen condiciones de habitabilidad, están pendientes de reformas o incluso se trata de conventos bajo el control de la Iglesia conciliar, donde no resulta difícil imaginar que podrían ser vetadas.

Asimismo, las religiosas desean compartir con la opinión pública que también han recibido ofrecimientos de viviendas o espacios en el extranjero, especialmente en Francia, Bélgica, Portugal y Nueva York. Estas propuestas se han gestionado por teléfono, correo electrónico o videollamadas, y están siendo valoradas como posibles alternativas. De concretarse alguna de ellas, las monjas pasarían a residir fuera de España, donde continuarían su vida comunitaria y su labor, aunque ello implicaría aprender idiomas o adaptarse a nuevos entornos culturales.

Las monjas subrayan que en España se sienten poco valoradas y, en ocasiones, incluso maltratadas, en un proceso de criminalización sin precedentes.

«Si somos tan malas en España, debemos considerar la opción de marcharnos al extranjero»

Las monjas de Belorado continúan trabajando día y noche para encontrar una solución viable que les permita preservar su vida comunitaria. Son la selección española de las monjas —afirma Francisco Canals— y no las debemos perder, son un valor para nuestra sociedad.

Bienvenido a la historia de las Monjas de Belorado!

Hay historias que nacen en el silencio de los claustros y acaban resonando más allá de sus muros. La de las llamadas “monjas rebeldes” de Belorado es una de ellas. Este es un blog y espacio del periodista español Francisco Canals, nace con un propósito claro: documentar, con rigor periodístico y sin concesiones, toda la historia de este singular episodio que ha sacudido a la Iglesia y ha despertado un intenso debate social.

La finalidad de esta página no es juzgar, sino reconstruir. Aquí se recogerán las distintas etapas de un conflicto que ha atravesado dimensiones espirituales, jurídicas, humanas y mediáticas. Desde los primeros indicios de discrepancia doctrinal hasta los momentos de mayor tensión institucional, pasando por los comunicados, las decisiones internas, las reacciones oficiales y el impacto en la comunidad local.