¿Por qué las monjas de Belorado no pueden hacer las maletas?

Por extraño que parezca, existen personas que jamás han utilizado una maleta. No porque no hayan podido, sino porque eligieron no necesitarla.

En 2008, las monjas Reparadoras del convento de la calle Torija, en Madrid, se vieron obligadas a hacer lo que nunca habían hecho: preparar las maletas. El Senado compró el edificio y cuarenta religiosas tuvieron que abandonar el lugar.

Hoy, las monjas de Belorado atraviesan una situación aún más grave, que ha derivado en uno de los desahucios más polémicos de las últimas décadas. La expulsión de su casa religiosa ha ido acompañada de multitud de noticias y acusaciones que evocan prácticas que parecían enterradas en la Edad Media. Son sospechosas de todo y condenadas a nada.

Ante la proximidad de la fecha señalada para el desahucio de Belorado me surgió entonces una pregunta tan simple como devastadora: ¿qué maletas pueden hacer quienes nunca las han tenido?

La vida de clausura implica un profundo aislamiento de la vida civil. Desde el momento en que una religiosa cruza el umbral del convento, deja de salir al exterior. No viajan a su ciudad de origen, no toman el AVE ni esperan en puertas de embarque. Son monjas que habitan el mismo espacio día tras día, año tras año, hasta envejecer y morir en el convento.

Los conventos han aprendido a convivir con un mundo que avanza mientras ellas permanecen. Pero esa modernización no altera la esencia de su elección: quedarse. Por eso, cuando una monja se ve obligada a marcharse, no solo abandona un convento; abandona una vida entera. La maleta deja entonces de ser un objeto trivial para convertirse en el símbolo de una ruptura profunda.

Pero existe también otra razón más íntima: las monjas no tienen qué meter dentro de una maleta. En la vida de clausura no hay ropa de otras estaciones ni recuerdos de viajes anteriores. La vida conventual elimina la acumulación porque elimina la expectativa de partir.

Tampoco existe la previsión del traslado. La vida moderna está construida sobre la idea de lo provisional: contratos temporales, mudanzas, cambios de empleo. Las personas viven preparadas para irse. Las monjas de clausura, en cambio, viven preparadas para quedarse.

El convento no es solo su vivienda. Es su biografía completa, porque el mundo que abandonaron ya no existe. No es solo que no tengan maletas; es que algunas de ellas tampoco tienen destino, porque lo depositaron todo en Belorado.

La maleta representa la posibilidad de elegir marcharse. La clausura, en cambio, representa la elección de permanecer. Son dos lógicas incompatibles. La maleta pertenece al mundo del tránsito; el convento, al mundo de la permanencia.

Por eso, cuando algunas personas de gatillo fácil dicen que las religiosas de Belorado “deben hacer las maletas”, la expresión adquiere una carga de profundidad. No se trata de organizar objetos, sino de desmantelar una vida construida sobre la certeza de no partir nunca. Las monjas de Belorado pertenecen a un mundo que observaron desde lejos, pero que nunca fue el suyo: bajo sus camas o en sus armarios no hay maletas y por esa razón tardaron tanto en organizarse durante un desahucio in extremis.

También hay un elemento de identidad. Cuando una mujer entra en clausura rompe con su identidad anterior. Cambia de nombre, de vestimenta y de rutina. La maleta pertenece a la persona que aún transita entre mundos; la monja de clausura, en cambio, elige habitar uno solo. No vive entre un “antes” y un “después”, sino en un “siempre” continuo. No hay transición prevista y, por tanto, tampoco preparación para la partida.

Es por esa razón que las de Belorado tardaron tanto tiempo en hacer las maletas, cada vez que lo intentaban se bloqueaban como un niño ante un «cubo Rubiek» ya que se les pedía un acto contrario a la vida religiosa.

La maleta es un objeto propio de vidas fragmentadas; la clausura pertenece a vidas continuas. Por eso, cuando una monja se ve obligada a abandonar su monasterio, la escena contiene una paradoja silenciosa: se le exige actuar como alguien que ha vivido siempre en tránsito, cuando su vida ha sido, precisamente, la negación del mismo.

Poco a poco sigo avanzando por el claustro, allí hay otra monja atareada. Sor Paloma, carga una gran alfombra en sus brazos, se asemeja a un trabajador de la construcción cargando con una gran tubería de acero en sus brazos (continuará) …

Autor: Francisco Canals, periodista

Bienvenido a la historia de las Monjas de Belorado!

Hay historias que nacen en el silencio de los claustros y acaban resonando más allá de sus muros. La de las llamadas “monjas rebeldes” de Belorado es una de ellas. Este es un blog y espacio del periodista español Francisco Canals, nace con un propósito claro: documentar, con rigor periodístico y sin concesiones, toda la historia de este singular episodio que ha sacudido a la Iglesia y ha despertado un intenso debate social.

La finalidad de esta página no es juzgar, sino reconstruir. Aquí se recogerán las distintas etapas de un conflicto que ha atravesado dimensiones espirituales, jurídicas, humanas y mediáticas. Desde los primeros indicios de discrepancia doctrinal hasta los momentos de mayor tensión institucional, pasando por los comunicados, las decisiones internas, las reacciones oficiales y el impacto en la comunidad local.