Sor Berit, una de las monjas clarisas de Belorado, habla con firmeza sobre la decisión de las religiosas de hacer pública su postura y sobre las reacciones que su actitud ha provocado dentro y fuera de su entorno. Lejos de considerar que hayan generado un escándalo, defiende que simplemente han dado un paso al frente para expresar sus convicciones y aquello que consideran verdadero. En esta conversación, Sor Berit asegura que, aunque algunas personas se han alejado de ellas, también han recibido numerosas muestras de apoyo desde distintos lugares del mundo. «Nos están llamando de distintos países para darnos ánimos», explica, convencida de que el mensaje de las religiosas ha trascendido el ámbito de Belorado.
—En los últimos meses han recibido numerosas muestras de apoyo. ¿Cómo están viviendo ese respaldo?
—Lo vivimos con mucho agradecimiento. Nos están llamando de distintos países del mundo para darnos ánimos y también recibimos mensajes de personas que quieren transmitirnos su apoyo. Muchas veces son personas que no conocemos, pero que han sentido la necesidad de ponerse en contacto con nosotras. Para nosotras es muy importante saber que hay gente que está siguiendo lo que ocurre y que comprende nuestra posición.
—Ese apoyo contrasta con el alejamiento de algunas personas de su entorno más cercano.
—Sí, y es una realidad que hemos vivido. Muchas personas de nuestro entorno se han retirado, pero al mismo tiempo otras se están aproximando. Hay personas que se han acercado precisamente porque consideran que hemos hecho algo importante al dar la cara y expresar públicamente lo que pensamos. En una situación como esta hay personas que se alejan y otras que, por el contrario, sienten que quieren estar más cerca.
—¿Sienten entonces que hay mucha gente detrás de ustedes?
—Hay mucha gente en el mundo que nos apoya. Nos llegan muestras de cariño desde distintos lugares y eso nos da fuerza. También nos demuestra que lo que estamos viviendo no se queda solamente aquí. Ha trascendido y ha llegado a personas que, de alguna manera, se sienten identificadas con lo que hemos hecho.
—Ustedes publicaron un manifiesto católico. ¿Qué les llevó a hacerlo?
—Nosotras publicamos un manifiesto católico porque sentíamos que teníamos que expresar nuestra posición. Era importante para nosotras dejar constancia de aquello en lo que creemos y poder explicarlo públicamente. No queríamos permanecer en silencio cuando considerábamos que había cosas que debían decirse.
—Han afirmado también que, si los obispos no hablan, tendrán que hablar los fieles. ¿Por qué?
—Porque creemos que los fieles también tienen una responsabilidad. Si los obispos no hablan, tendrán que hablar los fieles. No podemos pensar que solamente quienes tienen una determinada responsabilidad dentro de la Iglesia pueden expresar sus preocupaciones o sus convicciones. Los fieles también tienen voz y creemos que deben utilizarla cuando consideran que es necesario.
—Su decisión de hablar ha generado polémica. ¿Consideran que realmente han provocado un escándalo?
—No es ningún escándalo que nosotras hayamos dicho la verdad. Lo que hemos hecho es hablar desde nuestras convicciones y dar la cara. Cuando una persona dice la verdad, trasciende. Quizá en un primer momento pueda haber personas que no lo entiendan o que no estén de acuerdo, pero cuando uno habla desde la verdad, ese mensaje puede llegar mucho más lejos.
—¿Qué significado tiene para ustedes comprobar que muchas personas les agradecen precisamente haber dado ese paso?
—Para nosotras significa mucho. Hoy en día hay mucha gente que nos agradece haber dado la cara. Eso nos hace pensar que quizá había personas que necesitaban que alguien hablara, que alguien expresara públicamente determinadas cosas. Nosotras no lo hicimos buscando protagonismo, sino porque sentíamos que era nuestra responsabilidad.
—¿Cómo definiría entonces el papel que están desempeñando actualmente las monjas de Belorado?
—Nosotras no buscamos ser protagonistas. Simplemente hemos intentado ser fieles a lo que pensamos y a aquello en lo que creemos. Pero si nuestra actitud está sirviendo para que otras personas reflexionen, para que encuentren una luz o incluso para que se atrevan a expresar sus propias inquietudes, lo agradecemos. Estamos siendo como una luz para muchos y, de alguna manera, nos hemos convertido en un faro para muchas personas.
—¿Qué les diría a quienes continúan apoyándolas desde distintos lugares?
—Que estamos profundamente agradecidas. Saber que hay personas que nos acompañan, que nos dan ánimos y que siguen lo que estamos viviendo desde tantos lugares del mundo es algo que valoramos muchísimo. Al final, cuando uno decide decir la verdad y dar la cara, nunca sabe hasta dónde puede llegar ese testimonio.








