en Monjas de Belorado

El testimonio de Sor Paloma: así explica una clarisa de Belorado la decisión que cambió sus vidas

Sor Paloma, la monja cordobesa de la comunidad de clarisas de Belorado, es una de las religiosas que permanece al frente de una batalla marcada por la adversidad. Junto al resto de sus hermanas, afronta desahucios, procedimientos judiciales, visitas a los juzgados, sanciones y embargos, en un conflicto que ha trascendido el ámbito eclesial para convertirse también en una cuestión civil y mediática. Pese a las dificultades, ella y las demás religiosas aseguran mantenerse firmes en su decisión de seguir adelante para defender aquello que consideran la verdadera fe católica. En su testimonio explica el camino espiritual e intelectual que, según afirma, conduce a la comunidad a tomar una de las decisiones más trascendentales de su vida.

Sor Paloma explica que, cuando conoce el monasterio de Belorado, lleva ya varios años buscando un lugar donde vivir su vocación como Esposa de Cristo según la espiritualidad de san Francisco y santa Clara, una espiritualidad que siempre le apasiona. Cuenta que se enamora del monasterio y que se siente profundamente atraída por la vida de aquellas hermanas, quienes la acogen con cariño.

Destaca que siempre percibe en la comunidad un gran equilibrio entre la dimensión divina y la humana de la vida religiosa. Afirma que allí aprende a vivir su vocación de clarisa de forma unificada, sin separar la oración, el trabajo, las relaciones personales, el descanso o el sufrimiento. Explica que entiende toda circunstancia como un lugar de encuentro con Dios y de entrega a Él, y sostiene que esa forma de vivir continúa siendo hoy el fundamento de su vida espiritual. Añade que es en ese monasterio donde, por la gracia de Dios, se entrega al Señor y a la que entonces considera la Iglesia.

Según relata, todas las hermanas comparten un profundo rechazo hacia determinadas corrientes espirituales que, en su opinión, relativizan la fe católica, banalizan lo sagrado o reducen la vida espiritual a planteamientos psicológicos. Comenta que sufren especialmente cuando participan en celebraciones presididas por sacerdotes que, a su juicio, transmiten ese tipo de ideas.

También afirma que la comunidad rechaza doctrinas como la reencarnación y cualquier enseñanza que, según entienden, niegue verdades fundamentales de la fe, como la resurrección, el perdón de los pecados, la presencia real de Cristo en la Eucaristía o la divinidad de Jesucristo. Explica que consideran preocupante encontrar esas ideas entre algunos fieles, sacerdotes, religiosos e incluso obispos, y subraya que tanto las hermanas mayores como las más jóvenes mantienen una postura unánime en este aspecto.

Sor Paloma relata que, con el paso del tiempo, va profundizando en la diferencia entre el pecado y la herejía, llegando a la convicción de que esta última reviste una gravedad especial. Explica que estas cuestiones son motivo frecuente de conversación entre las hermanas, quienes estudian, preguntan, contrastan y buscan respuestas a las dudas que les surgen. Según afirma, esas respuestas no llegan desde la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II.

Cuenta que el proceso se vuelve especialmente doloroso cuando comienzan a identificar lo que consideran herejías en las enseñanzas del papa Francisco —a quien se refiere por su apellido, Bergoglio— y, más ampliamente, en los documentos del Concilio Vaticano II. Describe ese momento como una profunda decepción y afirma que llegan a la conclusión de que han sido engañadas. Explica que posteriormente conocen el sedevacantismo, donde, según dice, encuentran respuestas fundamentadas en la Tradición de la Iglesia que confirman el camino de discernimiento que ya habían iniciado.

En este contexto, menciona diversas enseñanzas que, según su interpretación, contradicen la doctrina católica tradicional, entre ellas la afirmación de que todas las religiones conducen a Dios, determinadas formulaciones sobre la fraternidad universal, el ecumenismo, el diálogo interreligioso o algunas interpretaciones sobre la salvación. Sostiene que estas enseñanzas confirman, a su juicio, que los papas posteriores al Concilio Vaticano II no son verdaderos papas y que sus enseñanzas no forman parte del auténtico magisterio de la Iglesia.

Asimismo, explica que el estudio de la liturgia las lleva a considerar que la reforma de la Misa posterior al Concilio supone una ruptura con la tradición litúrgica anterior y que, desde su punto de vista, la nueva celebración ha perdido elementos esenciales de la Santa Misa tradicional. Sor Paloma afirma que, tras un largo proceso de oración, sufrimiento y discernimiento, ella y las demás hermanas deciden romper con la Iglesia nacida del Concilio Vaticano II y regresar a lo que consideran la verdadera Iglesia católica.

Por último, sostiene que todas las actuaciones civiles y eclesiásticas posteriores —incluidas las denuncias, los procedimientos judiciales, la pérdida del monasterio y otras medidas adoptadas contra la comunidad— responden, según su interpretación, a una persecución motivada por su postura religiosa y por haber hecho pública su adhesión al sedevacantismo. Como ejemplo, señala que las hermanas que abandonan esa posición dejan de ser objeto de las acusaciones que pesaban sobre ellas, circunstancia que, a su juicio, refuerza la idea de que el conflicto tiene un trasfondo de carácter religioso.

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