Las voces consagradas de las monjas cantantes de Belorado

Tradición, música y talento bajo el velo

Nada más cruzar el umbral del monasterio, percibo que la música no es un simple acompañamiento, es el latido mismo de la comunidad. Pronto me doy cuenta de que las monjas tienen una voz de oro: entre pasillos silenciosos y conversaciones discretas se desliza el sonido de un órgano. Sor Belén, la monja gallega del convento, es quien lo hace sonar. Es una religiosa afable y discreta, estudió magisterio musical y, con su sólida formación, ha puesto siempre su cultura al servicio de la liturgia, dando voz y armonía a cada celebración. Las misas de las monjas de Belorado están impregnadas de música; son monjas cantoras en todo su esplendor. En su iglesia custodian dos órganos: uno de pequeñas dimensiones, ágil y cercano, y otro de mayor envergadura, conocido como el órgano conventual.

Las monjas de Belorado han custodiado, desde sus orígenes, una valiosa tradición musical. En su convento, la música ocupa un lugar esencial: los cantos gregorianos llenan el espacio y expresan la profundidad de su fe. Para la comunidad, la música es un testimonio vivo de la unión entre espiritualidad y vida religiosa.

A lo largo de los siglos, las hermanas han cultivado su propio legado musical, componiendo repertorios propios y creando piezas de notable calidad. Esta herencia artística forma parte inseparable de su identidad.

El órgano constituye uno de sus principales medios de expresión. Su sonido acompaña y enriquece el canto gregoriano, recordando la profunda conexión entre las hermanas y vocación.

«Cada órgano tiene una personalidad única y requiere una preparación específica», explica sor Belén, encargada de acompañar las misas. Su formación musical, unida a su vocación religiosa, refleja la dedicación con la que las clarisas viven este arte.

En esta tradición destaca también la figura histórica de la Madre Pureza, antigua abadesa que cursó estudios de piano y compuso numerosas piezas. Su legado ha dejado una huella imborrable en la vida musical del monasterio.

La comunidad cuenta con dos órganos. El primero es un órgano positivo, de menores dimensiones, ligero y manejable, que se utiliza habitualmente en las celebraciones diarias. El segundo es el órgano conventual, fechado en el siglo XVIII y restaurado en 2002, proceso que permitió recuperar plenamente su sonoridad y riqueza tímbrica.

Con el deseo de difundir su patrimonio musical y agradecer el apoyo recibido, las monjas clarisas han producido su propio CD. Esta iniciativa busca, además, contribuir a aliviar su situación económica y ayudarles a afrontar las dificultades actuales.